Muchas personas experimentan pensamientos o imágenes desagradables, pero en condiciones normales de estado de ánimo la mayoría puede descartar estas ideas sin ninguna dificultad. Pero cuando están asociadas con estados de depresión, es bastante difícil eliminarlas. Cuanto más intenta uno evitarlas, más obsesionado termina. Para romper con este círculo vicioso, hay que llevar a cabo los pasos siguientes:
- Buscar deliberadamente los pensamientos indeseados que le atormentan con frecuencia, retenerlos y exponerse a ellos por un período prolongado, sin huir de ellos, evitarlos ni llevar a cabo ningún tipo de ritual.
- No preocuparse si la exposición a las ideas displacenteras y la prevención de respuesta producen un gran nivel de malestar, especialmente en las primeras fases de la terapia. Si se muestra persistencia, dicho malestar acabará por desaparecer.
- Ser constante en la práctica de estos ejercicios y hacerlos de forma tan prolongada como sea necesaria hasta que se reduzca considerablemente el grado de malestar.
- Anotar todas las tareas terapéuticas en el registro que se le haya entregado.
- No preocuparse si, una vez superados los rituales y las obsesiones, hay alguna recaída asociada a alguna fluctuación en el estado de ánimo. Lo que se debe hacer entonces es practicar de nuevo los ejercicios aprendidos y, si es preciso, recurrir al terapeuta.
Componentes cognitivos en las obsesiones (creencias)
- Responsabilidad excesiva.
- Perfeccionismo.
- Sobrevaloración de la importancia de los pensamientos y sus implicaciones, tales como la distorsión "fusión pensamiento-acción", en la que el sujeto le da tal valor al pensamiento intrusivo que no consigue asegurar la diferencia entre pensamiento y acción, por lo que se ve impulsado a comprobar si lo que ha pensado lo ha realizado o no.
- Importancia exagerada de la probabilidad y de la severidad de las consecuencias catastróficas.
- Creer que en sí, la ansiedad es algo peligroso.